Que me acuerdo del día que me susurró al oído que si me podía llevar la mochila, del día que encontró mi debilidad y volví a caer, del día en el que lo pasé entero pensando si se acordaría de mí tanto como yo de él. De su risa tan agobiante para unos, tan agradable para mí. De su cara seria cuando se enfadaba y luego rápidamente volvía a sonreír. De su manera de hacerme rabiar y luego contentarme con un beso. Y como no de sus mordiscos y de la tontería más tonta que aun así le hacía perfecto.
Pero lo que fue pasó, fue bonito pero fue.
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